Capítulo 8.
Con teléfono en mano mis pensamientos comienzan a hacerme una mala pasada, mis manos tiemblan y de mis ojos no dejan de salir lágrimas. Tengo su número en la pantalla del aparato, pero no me atrevo a macarlo, sin embargo, lo que más deseo en este momento es gritarle en su propia cara que me de una explicación, que me diga por qué me está haciendo esto, por qué a mí, al hombre que no ha hecho más que amarla y protegerla. Es que una cosa es que esté casada con Max, el hombre que confabuló a la mu