Stewart, el asistente personal de la reina, no tardó ni un minuto en intervenir, y en cuestión de segundos Dylan estaba en el suelo con la sangre brotándole de los labios. Tragué con fuerza y dejé que mis garras crecieran hasta clavarlas profundamente en la carne de mis palmas. Tenía que quedarme de pie y esperar, tenía que hacerlo.
Estaba tenso mientras observaba a la chica que consumía cada uno de mis pensamientos. Escupió un chorro de sangre e hizo una mueca dramática, aquel puñetazo debía d