Finalmente me arrancaron la barra del brazo sin ningún cuidado, y un grito muy perceptible salió de mi boca al arrancarme la piel derretida junto con ella. No pude evitar los ruidos que salieron de mis labios.
Tan pronto como pensé que todo había terminado, me agarraron el otro brazo y lo colocaron en la misma posición que el izquierdo. Todo el calvario se repitió sólo que esta vez fue con mi brazo autolesionado. La barra de metal fue recalentada y colocada directamente sobre la herida aun lige