Así que cada vez él hacía que la lujuria consumiera cada uno de mis pensamientos, antes de permitir que su boca viajara a mis zonas más íntimas. Cuando él se dio cuenta de que mis pantalones no se iban a bajar pronto, cambió de táctica.
"Voy a intentar algo, Dylan", dijo mientras su mano acariciaba suavemente de arriba a abajo tal vez la longitud de mi pierna derecha, apretando mi muslo muy ligeramente en el proceso. "Relájate, no haré nada que no te guste. Te lo prometo. Pero, por favor, ¿pued