“Olvídalo… si quieres recordar ese día, entonces bien… pero hazlo sin recordármelo…”. Su frágil cuerpo comenzó a temblar levemente y con eso sentí que todo mi mundo se derrumbaba, pero no podía quedarme de brazos cruzados y dejar que ella pensara eso. Así que agarré su brazo con suavidad pero con firmeza y me aferré a él con todas mis fuerzas. No podía soltarla. Simplemente no podía. No ahora, no después de todo.
Mi pecho se apretó con fuerza de dolor, y el rechazo que vino con su lucha por ale