—Buenas tardes, señoritas.
Saludó Diago con su voz gruesa.
—Buenas, tar...
— ¿No le parece que esto ya es un acoso?
Interrumpió Aileana a Beth que contestaba sonriente el saludo de Diago.
Aileana colocó sus manos sobre su cadera y su rostro se tornó molesto.
— Además, ¿cómo sabe que yo estudio aquí?
Diago sonrió.
—Cuando me mudé a este lugar, me dijeron que los escoceses eran muy educados, pero debo decirle, señorita, que usted es la excepción.
— Aún no me contesta lo que pregunte.
Él