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Entramos a la oficina del jefe, con un poco de nerviosismo, tomo asiento; es que no es normal que dos hombres estén con una joven que no resiste la presencia de dos especímenes de dioses.
—Alexandra, disculpa que te tutee, pero siento que es necesario luego de pedirte que me acompañes al almuerzo con mi madre —se pone cómodo y mientras lo veo a mis ojos mis pensamientos no dejan de torturarme y decirme que esto debe ser una maldita broma de parte de esos dos.
Na-ah, no creo que se quieran apr