— Señor… — la voz de Luna Cimex Mara suena vacilante, como si cada palabra pesara en su lengua. Sus ojos se fijan en la espalda del Genuino Alfa, aturdida por la tarea que le ha sido impuesta. Sus manos tiemblan de rabia mientras sostiene el cesto. — ¿Por qué tengo que lavar la ropa de su esclava?
Miguel se da vuelta lentamente, su expresión es impasible, pero sus ojos brillan sombríamente con un peligro que hace que Mara trague saliva, su pulso acelerándose solo por la presión de esa mirada.
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