Sasha termina de fregar los escalones de la escalera, con las manos y las rodillas doloridas por el trabajo repetitivo. Suelta un suspiro cansado mientras se pone de pie y estira la espalda. La sensación de impotencia y el desconcierto la acompañan desde su último encuentro con Miguel, y la tensión en el aire de la mansión no hace más que intensificar sus temores y dudas.
Con otro suspiro, seca sus manos en el delantal, recoge el balde y el trapo sucio, y comienza a caminar por el pasillo. Sus