Al despertar el corazón de Mónica estaba en apacible estado, sonriente y feliz de haber resuelto sus infundadas dudas.
—Buenos días, Cariño. ¿Todo bien?, ¿te sientes incómoda en algún lugar? Preguntó Agustín rodeándola con sus fuertes brazos mientras dejaba un beso en la frente de Mónica.
—Estoy, bien no debes preocuparte. Quedémonos hoy en casa, pidió Mónica no teniendo las intenciones de salir.
—Bien—
De esa manera se quedaron hasta altas horas de la mañana acurrucados entre las sabanas j