-He vuelto a casa, Ma-
Lukyan no podía creer quien estaba delante de sus ojos y se acercó al recién llegado tomándolo de las mejillas con sus palmas temblando.
-¿Aidan? ¿En serio eres tú?- su mirada recorría el cuerpo de su hijo que a pesar de estar frío estaba lleno de vida.
El lobo más joven agarró una de las manos de su madre y besó su palma.
-Si ma, soy yo, estoy de regreso- sus ojos plateados vacíos enfocaron el hermoso rostro del omega para después inclinar hacia un lado y alzar la mano-