—Eso mismo— la miró de reojo— me quedaré en tu casa. Mañana nos mudaremos a una casa mas grande. Lo tengo cubierto.
—¡Oye! ¿de qué estás hablando? ¡no te quedarás en mi casa! ¡y mucho menos nos mudaremos juntos! — rebatió ella mirándolo anonadada
—Estuviste de acuerdo en hacerte pasar como mi fiel y enamorada novia. ¿Cómo alguien se creerá lo nuestro si mientras estamos en el mismo país, en la misma ciudad, vivimos cada uno en un lugar diferente?
—Pues— si lo decía así, parecía lógico— podrías