CAPÍTULO 88: AYUDA INESPERADA
Savannah
El aire en la habitación es frío, o tal vez soy yo quien no puede dejar de temblar. No sé cuánto tiempo llevo aquí, encogida en el rincón como un animal herido. La ventana con barrotes deja entrar una luz tenue de luna que apenas ilumina el suelo desnudo. Mis ojos arden de tanto llorar, pero las lágrimas ya no caen. Me siento vacía, como si el miedo y la desesperación hubieran absorbido todo lo que quedaba en mí.
De repente, el sonido de la cerradura giran