Camila
Miro un rato el cielo mientras pienso que por dentro estoy rota y sin vida. Después de observar a mi alrededor ya no sigo en el balcón, decido caminar hacia adentro y sentarme a su lado de otra vez.
Otro día aquí con mi Darcy extrañando sus ojitos verdes y su linda sonrisa, todo se ha vuelto una rutina a la que no me acostumbro y no me quiero acostumbrar.
Mi móvil suena es de un número desconocido atiendo la llamada.
—Buenas tardes, señorita Camila Orellano.
—Buenas tardes dígame.