Ana regresó a la mesa con tristeza marcada, pues ese se había convertido en el día más feliz y más triste al mismo tiempo. Ver a su hija la hizo recordar su doloroso pasado.
—¿Te sucede algo amor? —ella negó y el apuesto caballero tomó su mentón y mirándola a los ojos se dirigió a ella. —Ana, te conozco bien y sé que ha sucedido algo.
—Recuerdas a mi hija, la niña y la historia que te conté.
Él miró alrededor buscando un rostro parecido y fue cuándo observó a Amanda salir de la mano del importa