—¡Buenos días!
Héctor enseguida clavó sus ojos en aquella interesante mujer, pues Helen vestía de manera sexy y provocativa en toda ocasión, haciendo que la mirada de los hombres siempre aterrizaran en su extravagante escotes.
—Hola ¿Te conozco?
—No, pero llegó el momento de hacerlo —ella le tendió la mano para saludarlo y de inmediato los escoltas se acercaron.
—Tranquilos. La señorita no se ve tan peligrosa.
Él los detuvo colocando su mano enfrente, haciendo que volvieran a sus puestos. Ella