Camila sabía que su prima estaba ofendida.
—Lo siento. Solo fue una llamada de trabajo —se disculpó.
—Acepto tus disculpas, pero tendrás que invitarme a cenar, ¿de acuerdo? —respondió Clara.
Ambas se echaron a reír.
Camila llegó a casa e intentó entrar sin hacer ruido. Abrió la puerta principal con cuidado y asomó la cabeza al interior.
Sonrió al no ver a nadie en la sala. Entró y caminó de puntillas hacia las escaleras, pero de pronto sintió que alguien la observaba.
Se dio la vuel