Capítulo 8: Los susurros del destino y la ira de la despechada
El collar de luna seguía siendo el único objeto que le ofrecía consuelo genuino. Cada noche, antes de cerrar los ojos, Agnes lo tomaba entre sus dedos, sintiendo la gema fría contra su piel, un ancla en la tormenta de sus pensamientos. Los días se habían convertido en semanas en la mansión del Alpha, y la opulencia que la rodeaba todavía le parecía un sueño ajeno. Había pasado de la oscuridad más profunda a una jaula dorada, pero una