LYRA
El bullicio de los festejos en el patio de armas se disipó por completo en cuanto la pesada puerta de caoba de nuestra alcoba se cerró a nuestras espaldas.
El baño de tina caliente, impregnado con aceites de lavanda y sándalo, había disuelto el barro del entrenamiento y el cansancio del día. Sobre la gran cama cubierta de lino blanco, la luz tenue de las velas proyectaba una penumbra dorada y cálida.
Nos miramos en silencio. Darian se despojó de la bata con una lentitud calculada, dejando