Narrador
En contra de su voluntad, Dora tomó la mano de su esposo y se acercó a su hija. Le dio un beso en la mejilla y, susurrándole al oído, le dijo:
—Charlotte, hija, vamos a estar afuera. Si necesitas algo, dime y llamo a la policía, por favor.
Charlotte soltó una pequeña carcajada y besó a su madre de vuelta.
—Claro que no, mamita, no te preocupes. Federick no me hará daño, no físicamente, y en cuanto al corazón… bueno, me pregunto, ¿qué más podría dañarse?
Dora suspiró resignada, angu