Federick
Cuando llegué a mi departamento, vi que Helen ya había dejado todo listo para mi viaje. Solo faltaba que recogiera las pocas cosas que quedaban. Al cruzar el umbral, ahí estaba Magdalena, tomando una copa de vino frente a la ventana. Apenas sintió mi presencia, se giró y me miró con desdén.
—¡Hijo mío! Cariño, ¿qué haces en casa tan temprano?
—Mamá, vengo a recoger mis cosas porque he cambiado de trabajo. Justamente quería hablar con ustedes.
—Entonces, ¿esa mujer pudo contigo? No logr