—Fuera.
Bajo el agudo dolor, María apartó bruscamente a Sara. Sin embargo, lo que no esperaba era que, después de que la otra le sonriera de manera extraña, no pudiera mantener el equilibrio y cayera suavemente al suelo, gimiendo de dolor mientras se agarraba el estómago. —Ah… Nicolás, ella, ella me empujó, bebé... rápido... salva a nuestro bebé.
Hubo un instante en el que María pareció quedarse sorda, incapaz de escuchar ni un sonido. Simplemente miró fijamente a Sara, que gritaba, sin poder ar