—Gerente Morales, me gusta Sara, me casaré con ella, ¡definitivamente me casaré!
David no podía creer su suerte al recibir esta inesperada oportunidad. Con gran alegría, se inclinó para recoger la tarjeta bancaria y salió corriendo de la oficina.
Temía perderse por un instante y que Nicolás cambiara de opinión.
Nicolás lo siguió fuera, mirando el área de la oficina ahora vacía. Después de un buen rato, comenzó a reírse a carcajadas como si estuviera loco.
Riéndose, sus ojos se humedecieron.
Lleg