—Cariño, sé paciente, espera a que me dé una ducha y vuelvo.
Nicolás, ansioso, se quitó la camisa y los pantalones, dejándose solo unos bóxers, y entró apresuradamente al baño. Cuando entró, no cerró bien la puerta de la habitación, y el sonido del agua resonaba fuertemente, llegando a los oídos de María.
—Qué calor… necesito agua.
María estaba tan sedienta que casi inconscientemente se levantó de la cama. Después de tambalearse un poco al bajar de la cama, se dirigió hacia el sonido del agua.
—