La mirada cautiva de Manuel levantó una curva fría en sus delgados labios, la indiferencia y la crueldad se escondían en lo más profundo de sus ojos negros, observando tranquilamente a Luisa: —¿Él aún no ha muerto, verdad?
Ella sabía claramente a quién se refería.
Bajó la cabeza con una expresión afligida, revelando su hermoso cuello tan fino como el de un cisne, ocultando el miedo en sus hermosos ojos: —No lo sé, ¿no fue ese demonio abatido por disparos y arrojado al mar hace seis años?
—¿Debo