María aún estaba en sueños, pero las palabras de Luis, “el señor García ha desaparecido”, resonaban como martillazos en su cabeza, se clavaran con fuerza en su mente.
De un sobresalto, frotó sus ojos nublados y se levantó de un salto del sofá. Saltó descalzo sobre el suelo helado y agarró el brazo de Luis, preguntándole ansiosamente: —¿Qué le pasó a mi papá? ¿A dónde fue? Aun no se ha recuperado, ¿a dónde más podría ir?
Al final, todo fue culpa suya. Alejó a su padre enojado, rompiendo los lazos