Rebecca no quería volver a casa, tenía la cabeza revuelta de tantas cosas. Sentía que necesitaba hablar con alguien, por lo que tomó el camino en dirección a la casa de Marisa. Ella vivía a tan solo unos minutos a pie de aquel lugar, así que no era necesario ir a buscar su auto. Además, el frío viento de la noche le ayudaría a sentirse mejor.
En poco tiempo Rebecca y Marisa se encontraban en el sofá de esta última tomando una taza de chocolate caliente mientras conversaban. Rebecca