Capítulo 147. Valió la pena el plomazo.
Valeria cruzó la puerta de la habitación de cuidados intensivos pisando tan suave que parecía flotar.
Se había lavado la cara y cambiado de ropa en su apartamento a la velocidad de la luz, pero el nudo en el estómago no la dejaba en paz.
Esperaba encontrar a Daniel igual que hace una hora: pálido, sedado y conectado al molesto ruido de los monitores.
Pero al levantar la vista, se topó de lleno con un par de ojos oscuros que la miraban fijamente desde la cama.
Daniel tenía la mascarilla de oxíge