—Dejen de conversar y vengan a limpiar —dijo de repente y yo lo fulminé con la mirada.
—Mejor cállate, no olvides que estamos en este lío por tu culpa —objeté yo y el bajo la mirada.
—Lo siento amigo, no me odies —comenzó a decir desesperado y yo solo sonreí.
En cuestión de días, la playa quedo reluciente y era más divertido hacerlo entre amigos. De vez en cuando, Alejandro molestaba a Gilbert y sus amigos, cosa que era bastante gracioso. Ellos nos devolvieron los bromas y al final terminamos e