118.
Eso fue suficiente para que el temperamento de Mariano se desbordara.
Se sentía como si una bestia interior se apoderara de él; en ese momento se volteó, buscando regresar a Fernando.
Matilda sintió el impulso de Mariano, colocó sus manos sobre el pecho de Mariano y dice, “ya, déjalo pasar.”
Mariano, con su furia contenida, la miró, “¿CÓMO QUE LO DEJE PASAR?”
Su respiración era pesada, su rostro ardía en todos los tonos de rojo, parecía un toro fuera de control.
“Mar… no querrás hacer esto más