En lo que Vanya sostenía la mano del señor Fabrizio la puerta de la habitación fue abierta, la señora Stella entró con los ojos llorosos y miró a su padre con mucha preocupación.
_ Papá _ ella lloró _ papito.
Ella salió corriendo donde se encontraba su padre y se arrodilló al borde de la cama, el anciano con su otra mano acarició la cabeza de su hija mientras trataba de consolarla.
_ Mi Stella, cuanta falta me hiciste _ él lloró _ me duele tanto ver el tiempo que perdí por una terquedad, actué