JACKSON
Seguía sonriendo como un idiota cuando Maya me dio un golpe en el brazo.
“No te quedes ahí sonriendo, di algo.”
Las palabras se quedaron atrapadas en algún lugar entre mi pecho y mi garganta, enredadas con el miedo, la esperanza y esta abrumadora sensación de felicidad.
Frost me observaba intensamente con esos imposibles ojos azules, esperando una respuesta, mientras Maya me fulminaba con la mirada con una determinación feroz mientras yo tomaba una respiración temblorosa.
“Yo—” Mi voz