Valeria y el patrullero que la acompañaba miraban en dirección a la entrada de la casa sin poder dar crédito a lo que veían. La radio del policía solicitaba más datos sobre los pormenores del supuesto crimen que se estaba perpetrando en la propiedad, pero, sin decir nada, el patrullero solo extendió la mano y apagó el dispositivo que colgaba de su cintura.
—¿Está segura de que ese es su jefe, señorita? —preguntó el policía— ¿Es ése el hombre al que estábamos buscando?
Sin atreverse a mirar a la