Sentada en la cabecera de la mesa, Valeria hizo un resumen de la situación tan delicada por la que atravesaba el hombre sentado a su costado izquierdo, el Señor Mauricio Corrales.
—Lo mejor para estas situaciones —dijo Valeria con sus manos entrecruzadas sobre la lujosa mesa de caoba—, es que usted firme el acta de nacimiento de cada uno de los tres pequeños. Eso sería lo primero.
Para sorpresa de Valeria, Mauricio Corrales no había ido solo a la reunión, sino que lo había hecho acompañado de