Alertada por Andrea sobre lo que podría estar sucedieno en la oficina de Franco, Valeria se levantó de su asiento, abandonó el despacho y caminó hasta pasar por delante del escritorio de Hortensia, que también se paró, pero con el ánimo de detener a Valeria, sino de asegurarse un buen puesto en lo que, presentía, estaba por suceder.
—¡¿Qué está pasando aquí?! —preguntó Valeria con la chapa de la puerta todavía en la mano y sin haber dado siquiera oportunidad a sus ojos de transmitir a su cereb