Corriendo, Jaime llegó a los cubículos de los asistentes judiciales en el momento justo en que Valeria tomaba su bolso y se lo colgaba del hombro.
—¿Puedo invitarte a almorzar? —preguntó Jaime— Hay tantas cosas, Dios, que quisiera preguntarte y hablar contigo.
Con los labios torcidos en una mueca que no la hacía ver menos hermosa, Valeria tuvo que rechazar la invitación de su amigo.
—Ya quedé con mi jefe de ir a almorzar con él dijo Valeria
—Espera. ¿Te refieres a Franco, tu antiguo jefe, o