Solo una enorme copa de helado consiguió que Valeria se sintiera, por fin, llena y, tomada del brazo de Franco, salieron a esperar el vehículo que los llevaría a casa. Toño, el dueño del restaurante, se despidió de la pareja, que se veía muy contenta, deseándoles que, en breve, le extendieran la invitación a su matrimonio.
—Puede que llegue más pronto de lo que imaginas —dijo Franco—, y eso pese a que esta es apenas nuestra primera cita.
Toño no supo cómo interpretar las palabras de Franco, po