Capítulo 114 El derecho de defendernos
—Sami, ¿Estás allí?, la voz de Matteo tenía un tinte de urgencia.
Samantha escuchó la voz de Matteo y se secó las lágrimas que había estado conteniendo y que al quedar a solas las dejó salir.
—Aquí estoy Mateo, respondió cuando estuvo más calmada, segundos después lo vio aparecer.
—Amor ¿Qué haces aquí?
—Necesitaba un poco de aire ¿Me buscabas?, indicó en un tono de voz de fingida indiferencia.
— ¡Solo te extrañé! No hay modo de que te escapes sin que