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—Lo siento… lo siento— no quita esa sonrisa arrogante de sus labios. —La verdad es que sí, lo secuestré, lo torturé hasta que me cansé y lo maté, mis hombres se encargaron de dejar el cuerpo donde ellos consideraron prudente, aunque sabía a lo que me arriesgaba ya que ese doctor era el motivo por el cual te tenía, simplemente no quería que te siguiera molestando y la forma más contundente de lograrlo era m

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