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—Hola, buenos días— vemos a Ania entrar al comedor y dirigirse a la cocina.

—Hola señorita doctora, muy buenos días— le responde Edward con una voz acaramelada y pícara, no puedo evitar rodar los ojos ante su intento de conquista, pero me doy cuenta que Ania sonríe y sus mejillas se sonrojan, toma una naranja y regresa a la mesa.

—Buenos días señor berserker, asesino letal y peligroso— le dice m

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