25

—Vaya, vaya… ¿de donde te robaste ese auto?— me pregunta Casidy con ese veneno implícito.

—¿De dónde te robaste el tuyo?— le guiño un ojo mientras saco de la cajuela mi mochila.

—¡Ja! Yo, cariño, tengo dinero, pero tu… vamos, ya dinos de donde lo sacaste— se baja con todo su sequito de arpías ponzoñosas. —Déjame adivinar, ¿te lo dio tu sugar daddy?

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