Capítulo 41

De inmediato me acuerdo de Misha, corro hacia la puerta trasera y la veo ahí, dormida, como un pequeño ángel pelirrojo, es cuando me pregunto: ¿hice lo correcto? La tomo en brazos, Ciro se acerca y agarra la mochila ayudándome con el poco equipaje.

El hombre que parece trabajar para él extiende su mano hacia mí pidiéndome las llaves sin decir ni una sola palabra; mientras busco con premura en mis bolsillos, Ciro toma a Misha por la cintura dispuesto a ser él quien la cargue.

E

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