24. Un lo siento no basta

Sídney llegó al edificio donde se encontraba el bufete en el que trabajaban Eduardo y Daniel. Ya dentro, llamó al ascensor y pulsó el botón que la llevaría al piso correspondiente. Una vez allí le preguntó a la secretaria por el despacho de Eduardo.

—¿Tiene una cita con él? —preguntó ésta.

—No, pero es urgente.

—Lo siento señorita, no puede atenderla sin una cita.

—Ya creo que querrá verme. —en otras circunstancias habría sido un poco más paciente y hubiera intentado convencer de
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