Punto de vista de Raymond
La mañana siguiente llegó en un santiamén, parecía como si ni hubiéramos dormido, Rena todavía seguía dormida en mis brazos y se sentía bien tenerla pegada a la piel. Al poco rato despertó y me sonrió.
“Oye, ¿llevas despierto un buen rato?” preguntó, estirándose y bostezando antes de frotarse los ojos con el dedo y rematarlo con un suave y tierno sollozo. Se veía tan adorable cuando hacía eso.
“Sí, un buen rato” contesté, y justo en ese momento entró la enfermera con J