—No quiero estar aquí, hermano. —el tono tembloroso en el que Evie hablaba hacía que Bradley tensar su mandíbula, logrando que sus rasgos suaves, se tornaran duros e inexpresivos.
Para ninguno era un secreto que estar aquí era más una obligación que una necesidad o amor.
Ambos se detuvieron frente al inmenso portón de la penitenciaria, entregando sus respectivas identificaciones para poder ingresar sin mayor problema.
Bradley colocó su mano sobre la espalda baja de Evie, una pequeña señal de