La semana paso y, día a día, Ashley empezaba a notar pequeños cambios, aunque sabía que nada podía cambiar de la noche a la mañana, tenía que seguir manteniendo una buena actitud y esperar con paciencia.
Sin embargo, lo que más estaba comenzando a estresarla era el hecho de que cuando salía de su habitación, muchas miradas se centraban en ella, formando una sensación de incomodidad en su pecho.
Una sensación que empezaba a sentirse extraña y un tanto perturbadora.
«No debería sentirme así