El buen esposo durante mucho tiempo no paró mientes en tales injurias.
En el fondo del alma, y a pesar de los elegantes trajes de paño inglés que se le había hecho vestir, continuaba considerándose el antiguo escribiente de Santiago, a quien había pagado sus favores con la más negra ingratitud. Todos eran para él los _señoritos_. En vano, allá en los rápidos días, ya remotos, de aquella luna de miel que Emma había decretado que fuese tan breve, en vano la enamorada esposa le había exigido más