Liya suprimió el calor que encendía su cuerpo y rápidamente sacudió la cabeza.
- ¿Por qué tengo la extraña sensación de que no lo vas a hacer?
- Siempre cumplo mi palabra, Liya, respondió, inclinándose hacia ella, con una sonrisa.
Mejillas en llamas Liya miró el caftán, sin saber realmente si podía confiar en él. Por el rabillo del ojo esperó a que él se diera la vuelta y se dirigiera a la pantalla. Una vez atrás, Liya sintió que se le aceleraba el pulso.
- ¿Quién es el dueño de esta ropa? Preg