Como todas las mañanas, Liya abría su pequeña libreta en la que iba marcando los días sin saber muy bien cuánto tiempo se quedaría aquí. Su contrato de trabajo no lo indicaba y ni Hassan ni el sheikh le habían dado respuesta a su pregunta. Llevaba más de dos semanas quedándose aquí y el tiempo empezaba a parecerle muy largo. Si había logrado ganarse la confianza del sheikh, lamentablemente quedó en la más absoluta incógnita. Extrañaba terriblemente a su padre hasta el punto de sentir que nunca