Unos golpes en la pared despertaron a Sara, esta vez tenía un grillete en las manos, pero los ruidos siguieron hasta que ella, rendida a que sería la única forma de que se calmara, respondió con dos golpes más.
Se limpió la cara del cabello que se había zafado de su rostro y recostó la espalda luego de que la persona del otro lado se quedara tranquila.
Miró el balde con agua que dejaron en reemplazo del plato con comida, ya que luego de haberse burlado de Abel, este ordenó que no le dieran comi